dissabte, 25 d’agost del 2012

Lleó Tolstoi. Els cosacs (1863)

Tot callava a Moscou. Només de tant en tant podia copsar-se el grinyol d'unes rodes al defora, de la calma hivernal. A les finestres ja no brillaven llums i els fanals de la via pública eren apagats també. Arribaven dels temples sons de campanes que, en brandar damunt la vila dormida, recordaven el matí. Els carrers eren deserts. (...) 

[...]


Olenin es tombà per tal de mirar enrere. L'avi Eroixka i Mariana conversaven de llurs afers segurament, i ni el vell ni la mossa no li adreçaren un darrer esguard.

 Títol original: Kazaki. Traducció: Francesc Payarols

Albert Camus. L'étranger (1942)

Aujoud'hui, maman est morte. Ou peut-être hier, je ne sais pas. J'ai reçu un télégramme de l'asile : " Mère décédée. Enterrement demain. Sentiments distingués. " Cela ne veut rien dire. C'était peut-être hier.

(...)

(...) Pour que tout soit consommé, pour que je me sente moins seul, il me restait à souhaiter qu'il y ait beaucoup de spectateurs le jour de mon exécution et qu'ils m'accueillent avec des cris de haine.

dissabte, 2 de juny del 2012

Carmen Laforet. Nada (1945)


Por dificultades en el último momento para adquirir billetes, llegué a Barcelona a medianoche, en un tren distinto del que había anunciado, y no me esperaba nadie.


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El aire de la mañana estimulaba. El suelo aparecía mojado con el rocío de la noche. Antes de entrar en el auto alcé los ojos hacia la casa donde había vivido un año. Los primeros rayos del sol chocaban contra sus ventanas. Unos momentos después, la calle de Aribau y Barcelona entera quedaban detrás de mí.

dimarts, 24 d’abril del 2012

Arturo Pérez-Reverte. La piel del tambor (1995)


El pirata informàtic se infiltró en el sistema central del Vaticano once minutos antes de la medianoche. (...)

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(...) Unos ojos idénticos a los que Honorato Bonafé había visto por última vez antes de caer fulminado por la ira de Dios.
La Navata, noviembre de 1995

Juan Marsé. Ronda del Guinardó (1984)


El inspector tropezó consigo mismo en el umbral del sueño y se dijo adiós, vete al infierno. (...)

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(...) Rosita entró en el sombrio zaguán de la Casa silbando por oirse silbar, todavía con pelusilla de plumón en los dedos, los calcetines bailando en sus tobillos y la Moreneta en la cadera.

Juan Marsé. Un día volveré (1982)


Nestor tenía dieciséis años y aún llevaba la armónica sujeta al cinturón como si fuese una pistola.

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--Ya estoy, papá.
--Bien. Esconde la pistolita y vámonos.

Juan Marsé. Si te dicen que caí (1973)


Cuenta que al levantar el borde de la sábana que cubría al ahogado, revivió en la cenagosa profundidad de pantano de sus ojos abiertos un barrio de solares ruinosos y tronchados geranios cruzado de punta a punta silbidos de afilador, un remoto espejismo traspasado por el aullido azul de la verdad. (...)

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(...), ya ni arrestos mentales tenían para verse con la cara tapada por el pasamontañas y pistola en mano empujando la puerta giratoria de un Banco o colocando un explosivo. Hombres de hierro, forjados en tantas batallas, soñando como niños.

FIN

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