dimarts, 24 d’abril del 2012

Juan Marsé. Ronda del Guinardó (1984)


El inspector tropezó consigo mismo en el umbral del sueño y se dijo adiós, vete al infierno. (...)

[]

(...) Rosita entró en el sombrio zaguán de la Casa silbando por oirse silbar, todavía con pelusilla de plumón en los dedos, los calcetines bailando en sus tobillos y la Moreneta en la cadera.